lunes, noviembre 28, 2005

Hold the Button!!!

http://www.holdthebutton.com/

Mi récord: 2 horas, 23 minutos, 11 segundos, 26 centécimas!!!

jueves, noviembre 24, 2005

Another Chance

miércoles, octubre 19, 2005

ayuda mil a la figura

miércoles, octubre 05, 2005

sábado, septiembre 10, 2005

Deep Thoughts (Esquizo, 2005)

Dedicado a Cecy,
gran autora de la cemita remojada
y del inigualable relleno cremosito.

"¡¡¡Tu papá es hombre!!!"
(seudo) insulto proferido por Jonás
a un atónito transeúnte cholulteca
a las 4 de la mañana.

lunes, agosto 22, 2005

Hace una semana

Hace una semana, como ya varias veces lo he hecho, me prometí publicar algo cada día en mi post, aunque fueran dos líneas de idioteces. Hasta ahora lo hago. Muchas cosas han pasado esta semana. Una historia, cuando menos, digna de contar cada día. Me encanta la primera semana de clases, está llena de una vida propia, única, palpitante. Algo de eso se me contagió. Un poco cuando, menos. Eso fue suficiente para que un miércoles cualquiera se convirtiera en uno de los días más memorables de mi carrera. Nada como crudear en Cholula.

Hoy llegué del trabajo y vi Y tu mamá también. Recordé mis vacaciones en Carrizal, y anhele haber ido aquella vez a Chacahua con todos mis amigos. Pensé, en aquellos momentos en que el sonido se va, y entra la voz en off, en lo chistoso en que es la vida, en sus verdades y sus hipocresías, en lo compleja que es y lo trágica que se vuelve a veces, a cada vuelta del camino. También pensé en todos esos momentos de normalidad o de felicidad entre aquellos de tristeza que nos marcan, como oasis en el desierto. Y vi que en realidad nuestra vida, o por lo menos la mía, ha estado más llena de oasis que de desierto. Lo que pasa es que cuando se está bien, el tiempo pasa tan rápido. Supongo que será la nostalgia de fin de carrera. Será la noche que me hace escribir en este blog tan solo, perdido en un mar de virtualidad.

"La vida es como la espuma, por eso hay que darse como el mar"

viernes, julio 22, 2005

La résistance!

jueves, julio 14, 2005

En mi sueño estoy buscando el cine. Nada complicado, nada fuera de lo común: Cinépolis Cruz del Sur. Lo raro es que no sé en qué cine estoy, donde las filas para comprar boleto me disuaden de entrar, y mejor buscar otro más vacío. Es una noche cristalina, con esa claridad que hay después de la lluvia. La Luna se refleja en los charcos del estacionamiento. Yo continúo buscando, primero en carro, luego caminando, llevando a mi familia a algún lugar. Pero, ¿dónde? Yo sé que el cine está para allá, para arriba, pero simplemente no me acuerdo cómo llegar. ¿Por qué? Yo sé llegar. He ido a Cruz del Sur tantas veces. ¿Por qué no me acuerdo? Es simple, tomas una calle, luego otra, y luego la otra, y tarde o temprano llegas. Pero yo ya no me acuerdo. Hasta eso olvidé.

En mi sueño, llego a un centro comercial. Camino por afuera de las tiendas, en los pasillos perdidos entre el estacionamiento y los accesos de servicio del lugar. Veo que es un Suburbia, y pienso para mí: "Así que hay Suburbia incluso en el primer mundo". Continúo caminando en esos oscuros pasillos que se supone que no debes ver, afuera del lugar de ensueño que nos quieren vender. Un viejo señor blanco y canoso pasa y se asusta de mi presencia. Yo, ensimismado, me sorprendo también y me pongo a la defensiva. El señor aprieta el paso y voltea al suelo, espera que así no le pasa nada. Yo sólo pienso "viejo mamón", y prosigo mi camino. Por fin veo algo, unos aparadores donde venden cosas. A lo mejor me estoy acercando a Cruz del Sur. No, sólo es uno de esos tabac presse tan comunes en Francia. Mientras mi familia se queda pajareando en los estantes. Yo veo algo que me emociona: la edición del Courrier International de la semana. ¡Hace un año que no lo leo! La agarro y voy al mostrador. La que atiende la boutique, una mujer de unos treinta y tantos años con un cabello muy rubio y una cara casi plástica, me sonríe y me saluda en un pésimo pero comprensible inglés. Yo respondo en francés, le explico porque hablo francés, porque no tiene que ser tan condescendiente conmigo. No se lo digo así, pero me esfuerzo tanto porque mis palabras tengan ilación, belleza incluso. Hablo, pero no son palabras las que salen de mi boca. Son pequeños trenes, vagones hilados uno tras otro con hilos delgadísimos, imperceptibles. Las palabras-trenes salen de mi boca je-parle-francais-parce-que-j'ai-fait-un-programme-d'échange-à-Grenoble-pendant-une-année, trait d'union tras trait d'union perfectamente hilados, cada vagón resplandeciendo con un tono de dorado diferente, unos más oscuros y pesados, unos más claros y ligeros, pero todos cuidadosamente unidos para alcanzar la perfección, todo para que la señorita del otro lado no me siga viendo tan fijamente, que se olvide de mí, de que soy un extranjero, para que por un segundo quite su cara de espanto, su cara de "no te entiendo". Finalmente lo inevitable sucede, y el tren se descarrila. La señorita sonríe un segundo, y toda su compasión y la que existe en Francia y en Europa y el mundo entero se concentra durante un segundo, con una dulzura que duele, en su cara. Luego desaparece, matada por el mar de su desinterés, el mismo mar que me sofoca y me ahoga. En cambio, ella, tan como si nada, me comienza a encuestar. Qué si dónde vivo y qué edad tengo y que si la chingada. Yo contesto, pero no me importa, sólo me importa esa comisura en su cachete donde almacena toda la compasión, esa comisura que se vuelve más grande y más grande hasta llenar toda mi visión, hasta convertirse en el mundo.

Luego despierto y son las 3 de la tarde y sigo crudo. Todavía me duele la cabeza, todavía el mundo gira a mi alrededor para burlarse de mi testaruda estupidez. Sigo con una triste pero infinitamente fiel sudadera morada, acostado en la cama, sudando alcohol y memorias de la noche pasada. Me cuesta pararme, estoy adormilado, mareado. Salgo y la luz me ciega. En ese momento la odio, es como una sonrisa que me abofetea sin piedad, sin compasión, mostrando la realidad en todas su dimensiones, esas que la noche ocultó con su velo y luego tú con unas pesadas cortinas en tu cuarto. Sales porque tienes que ir al baño, o por que una fuerza oculta te jala, o no sé porque chingada madre, pero llegas hasta el sillón y te desplomas, como si el centro del mundo y toda su gravedad se concentrará ahí, como si todas las fuerzas que reuniste solo hubieran alcanzado para un viaje de ida, sin boleto de vuelta a la vista. El sillón te ha chupado como un hoyo negro; un inerte objeto te ha vencido, ha robado tu fuerza -si es que alguna vez la tuviste-. Lo único que puedes hacer es prender la tele, perderte en la alienación y la idiotización enajenante de su existencia. La tele se prende, pero no suena como cuando la tele se prende, sino como cuando se prende en las películas: un sonido falso, distante, ridículo incluso. Fuera de lugar. La tele no ayuda, Cinemax muestra una viejísima película de vaqueros, en medio de una persecución. Nada más caricaturesco, más alejado de mi realidad. Un solo ruido revela la verdad de la tele, la despoja de su vestimenta y de su fuerza. Desnuda ante mí en toda su fealdad, pierde su poder hipnótico. Aprieto un botón. Nada más sencillo. La tele se apaga. Entonces agarro mi celular y hago una llamada. Siento entonces que ese sentimiento que flotaba en mi ser se aclara, las tinieblas lo despejan lentamente, perezosamente, sin resistencia: talvez no es que aquellos tiempos de Francia y del tabac presse fueran mejores, tal vez ayer te la pasaste muy bien y sólo estás cansado y crudo, y en la noche irás a un examen profesional y todo lo pasado será pasado y lo presente estará ahí, la alegría y la vitalidad que te embargó un día antes. He recuperado algo, aunque sea algo, de mi dignidad.

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En mi sueño, yo hablé en francés, pero no soñé en francés. Me inunda un deseo de estar totalmente solo en mi cuarto, sin libreros ni armario ni mesita de noche ni cama, sólo cuatro paredes blancas y el vacío, para recordar la falacia de la vida, para sentirme como si me mudara de nuevo, para degustar morosamente mis lágrimas de nostalgia, y sentir la suave y fresca brisa del cambio.

sábado, julio 09, 2005

Post Secret
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Pa' que la Morgana no diga que mi blog no furula.

domingo, junio 26, 2005

Adios

Una amiga se va. En cierto sentido me duele más que otros amigos que se han ido -aunque la verdad no fui tan cercano a ella- probablemente porque sé que ella se va y no creo que regrese. Eso no importa realmente. Tal vez que la haya conocido no porque era de comunicación, sino porque era una de las tres personas que me caían bien en esa horrible clase de Redacción II lunes, miércoles y viernes a las 8 de la mañana en mi primer semestre, explique porque su partida simbolice para mí lo chido de la UDLA, y el fin de cinco años de uni. La conocí por accidente, pero me hice amigo de ella por quien es: una mujer admirable y bellísima, dulce y fuerte al mismo tiempo, una mujer poca madre, como las hay pocas. Espero sinceramente que la vaya muy bien a donde sea que decida encaminar su vida.
Me da orgullo ver que alguien a quien quiero inicie su vida allá afuera, lejos de la búrbuja. La quiero un chingo, y sé que la extrañaré un buen.